Si hay alguien a quien admiro profundamente es a ella y espero en algún momento no muy lejando de mi vida poder seguir sus pasos. Probablemente habrá quienes piensen que exagero y que podría admirar a alguien más significativo lo cual hasta cierto punto puedo comprender. Sin embargo, aun cuando ella no es tan conocida como un Platón o una erudita como Einstein posee un talento tan único y especial como el de estos ilustres del pasado, un talento dificilmente comprendido y admirado por muchos debido a su particular complejidad y a la bizarra percepción que tiene ella de su entorno. Con una locura exquisita y una imaginación altamente volátil Floria se ha ganado mi mas profundo respeto dentro de la lista de artistas que no encuentran limites a la mente y que no le temen a empujar la fantasía al extremo!
Ha dirigido los vídeos más oscuros de Marilyn Manson, David Bowie, The Cure, Björk o The White Stripes, está considerada como una diosa por las góticas japonesas más chaladas, duerme sólo tres horas al día para que se le ocurran “ideas raras” y asegura captar señales procedentes de otros mundos. Es la David Lynch del videoclip. Floria Sigismondi es heredera directa de Gondry, Cunningham y Jonze, la Santísima Trinidad del videoclip.
Misteriosamente, los cerebros pensantes de Palm Pictures, que ya han editado DVDs monográficos de estos tres directores más otros dedicados a Corbijn, Sednaoui y etcétera en la serie Directors Labels, aún no se han fijado en ella. Sin embargo, suyos son algunos de los mejores clips de Björk, Marilyn Manson, The Cure, The White Stripes, Leonard Cohen, Incubus, Interpol, Living Things (el grupo de su marido), Fiona Apple, Sigur Rós, David Bowie o Christina Aguilera.
Floria nació en Pescara (Italia), aunque cuando tenía apenas dos años sus padres, cantantes de ópera, emigraron a Ontario (Canadá). Dirigió sus primeros vídeos para bandas canadienses desconocidas y poco a poco fue labrándose una excelente reputación como fotógrafa y directora que le ha llevado a exponer en ciudades como Nueva York, Toronto, Roma, Los Angeles, México DF, Londres y París, junto a pesos pesadísimos del mundo del arte como Cindy Sherman, Rebecca Horn y Vanesa Beecroft.
También ha editado dos libros de fotografía: el primero es la Biblia de las góticas japonesas; el segundo, ‘Immune’, editado por la editorial alemana Die Gestalten Verlag, es una auténtica joya de la que han salido las fotografías que ilustran este reportaje. Así que, puesto en la tesitura de entrevistar a semejante gárgola, decido empezar explicándole una de las anécdotas más famosas de Dalí, un artista al que los góticos admiran porque estaba tan loco como ellos.
Al parecer, el pintor se echa ba siestas en el sofá orejero de su casa mientras sostenía una cucharilla con la mano. Cuando se dormía, la cucharilla caía al suelo y el sonido que hacía al chocar con las baldosas de cerámica le despertaba. Dalí se apresuraba entonces a anotar los sueños que había tenido en ese breve lapso de tiempo. Según él, los sueños de esos primeros segundos son los más surrealistas y delirantes de todos. Una idea a considerar, creo yo, por alguien que dice dormir sólo tres horas al día para que se le ocurran “ideas raras”. Muy curioso, sí, muy curioso… Yo he sacado a menudo ideas de mis sueños. Siempre duermo con una libreta de notas al lado. Cuando duermes se rompen las reglas y se hacen reales las otras dimensiones. De hecho, estoy permanentemente en un estado de vigilia ensoñadora. Dejo que aparezcan imágenes en mi cabeza y las sigo allí donde van. No lo analizo mucho, es una cuestión de fe. Tengo mucha fe en mis sueños.